Un dolor de hombro

-Usted dirá… Antonio. ¿Qué le ocurre?

Mi paciente es un varón que no ha cumplido cincuenta años. Complexión atlética, probable deportista ocasional que ha sido más activo en el pasado. Trabajador manual, diría yo. Expresión y rasgos de hombre determinado. Si dice que le duele, es que le duele bastante. No es de los que se entretiene en pequeñas molestias.

-Es el hombro derecho, doctor. Llevo varias semanas de dolor intenso. El otro día tuve que acudir a urgencias porque no podía más. Me hicieron unas radiografías y me pusieron un tratamiento, pero esto no cede; no puedo vivir en paz.

-¿Le despierta por la noche?

-Es lo peor. Tengo que levantarme a media noche. En el sofá se calma algo pero sigue doliendo a rabiar.

-¿Cuántos años tiene?

-Cuarenta y siete

-¿En qué trabaja?

-Fontanero

-Bien, Antonio, quítese la camisa por favor. Puede colgarla en el perchero. Siéntese en la camilla.

La exploración del hombro puede incluir muchas variantes y cada médico observa su propio protocolo. En mi caso intento, en primer lugar, localizar puntos dolorosos. Es difícil porque la sensación se irradia a una región anatómica muy amplia que puede extenderse desde la columna cervical hasta la mano. Palpo si.stemáticamente la musculatura paracervical, el trapecio, la musculatura del hombro y el brazo, los relieves óseos, los puntos de inserción de los tendones, el recorrido de la porción larga del bíceps…

-Donde más duele es en ese punto, doctor. Justo debajo del hueso, en la parte alta, pero el dolor se extiende por todo el hombro y a veces es difícil de localizar.

Continúo la exploración comprobando la movilidad, empezando por los movimientos activos, los que realiza el paciente sin ayuda externa. Es evidente que el hombro derecho ha perdido rango de movimiento. Pido al paciente que separe los dos brazos, que deje colgando las manos, que rote los hombros, que los eleve…

-Ahora relájese todo lo que pueda. Voy a levantarle el brazo pero quiero que usted lo abandone, que lo deje totalmente muerto. Si no es así, si no se fía y deja que yo lo sujete, va a tensionar la musculatura y eso provocará dolor. Quiero comprobar qué pasa, si consigo separar el brazo o si está muy rígido y limitado en su movimiento.

No logro mi empeño. Antonio es incapaz de abandonar su brazo y dejar que yo lo levante. Esta situación es habitual; casi nadie es capaz de hacerlo. Continúo mi exploración con algunos tests de estabilidad para completar el protocolo establecido aunque presumo que por ese lado todo será normal.

-Puede vestirse.

Mientras se pone la camisa, coloco las radiografías en el negatoscopio. Las interpreto en voz alta:

-Tiene usted una calcificación bastante grande en la zona de inserción de los tendones que forman el manguito de los rotadores. El hueso que está encima del hombro, el acromion, corresponde a un grado tres. En una clasificación de uno a tres, es el que termina en un pico de hueso que cuelga hacia abajo; puede rozar el tendón y lesionarlo.

Termino mis explicaciones sobre la maqueta de un hombro situada sobre mi escritorio..


-Mire, Antonio, esto es un hombro derecho, como el suyo. Este hueso es la escápula. El húmero es el hueso largo. La articulación del hombro se compone de dos espacios. En el inferior contactan el húmero y la escápula. No es ahí donde está su problema sino en el espacio superior, el que llamamos espacio subacromial.

Con el reverso de un bolígrafo voy marcando en la maqueta todos los puntos de mi explicación. Muestro el llamado “manguito de los rotadores” que es, en realidad, el conjunto de cuatro tendones que se insertan, partiendo de la cabeza humeral, en un saliente óseo o troquíter, y se extienden por debajo del acromion. Constituyen el suelo del espacio subacromial y el techo de la articulación del hombro..

Muestro cómo en los movimientos de abducción o separación del brazo el desfiladero entre la cabeza del húmero y el acromion se estrecha hasta pellizcar el grupo de tendones.

-Su problema está ahí, en el nacimiento del manguito, en la inserción sobre el troquíter. Se ha producido una inflamación hace mucho tiempo y se han ido depositando partículas calcáreas hasta formar la calcificación que vemos en las radiografías.

-¿Y qué podemos hacer, doctor?

-El tratamiento de las tendinosis de hombro comprende una serie de posibles medidas que le voy a describir, empezando por las más conservadoras. A veces, el dolor desaparece espontáneamente pero eso requiere tiempo y puede resultar insoportable. Podemos ayudar con reposo, antiinflamatorios y fisioterapia, pero en nuestra experiencia este tipo de tratamiento es muy poco eficaz. Cuando duele de verdad, recomendamos una serie de infiltraciones, hasta tres o cuatro. Si cede el dolor con la primera, no ponemos la segunda. Si cede con la segunda, no ponemos la tercera.

-Y eso de la “filtración”, ¿es para curar o sólo para quitar el dolor?

Aquí hemos llegado. Lo ha preguntado. Lo preguntan todos los pacientes a los que propongo una infiltración y que previamente han hablado con el amigo de un vecino, con el peluquero o con la prima de su cuñada. “No te dejes pinchar que los médicos enseguida te quieren infiltrar”

Se ha extendido tanto la especie de la maldad intrínseca del médico que quiere poner una “filtración” (parece que han deformado adrede la palabra para darle un sentido más peyorativo) que me cuesta una conferencia sobre el tratamiento en sus diferentes grados para convencer a cualquier paciente que no venga inmunizado por el hecho de que a su otra cuñada le infiltraron y salió bien.

-Mire, Antonio: curar, curar, lo que se dice curar… es difícil con cualquier tratamiento. Muchas veces lo logramos y algunas, no. En ese caso, hay que operar. Pero para tratar de evitar la operación, intentamos muchos medios conservadores, empezando por los más simples como el reposo, antiinflamatorios, fisioterapia… Si continúan las molestias, infiltramos, ponemos ondas de choque y agotamos, en definitiva, las posibilidades a nuestro alcance. En algunos casos, finalmente, tenemos que operar. Pero no es nala cosa intentar una, dos o tres infiltraciones a ver si nos escapamos de la operación, ¿no le parece’

Y así seguimos, debatiendo, explicando, quitando miedos, hablando de porcentajes. Se pincha. Espero no tener que repetirlo.

Sobre el autor

Eduardo Escobar Martínez

4 comentarios

  • Hola Eduardo. Parece que este paciente tenía algo similar a lo mío, pero bastante más agudo. Espero que se le pasara.

  • Se le pasó como a tí… virtualmente como corresponde a tan virtual personaje

  • Buenas tardes,
    Doctor me encantaría recibir su comentario, fui operada del siguiente diagnóstico slat dos ,artroscopía del mango rotador y bursa del hombro derecho.
    Ya tengo tres meses de operada y me gustaría saber si me realizo un Rx me sale el material biodegradable que me fue colocado.

    Agradeciendo una respuesta favorable a la brevedad posible.

    Se despide.
    Att.Patt

  • El material biodegradable podría desaparecer en unos seis meses. La realidad es que tarda mucho más tiempo. Puede ocurrir, además, que la huella que deja en el hueso refleje la forma del material de una forma permanente. Creo que no resuelve nada con una exploración radiográfica y, de todas formas, ¿qué objeto tiene? Hemos utilizado material no biodegradable que queda en el hombro sin problemas. Lo importante es que la operación sea efectiva para el fin por el que se realizó.

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