septiembre 4th in 05. Cerca del verde by .

Pretemporadas

Gira del 92. Los preparativos

            Al intentar recordar las cosas que pasaron hace algunos años, lamento no haber llevado un diario que centrara los datos en el tiempo, que diera forma real a los recuerdos. La memoria se deforma, se estira o se encoge con el tiempo y los que miramos hacia atrás con varias décadas en la perspectiva de nuestra mirada, hemos aprendido a desconfiar de nosotros mismos y presentar las historias pasadas en formato de leyenda aunque el recuerdo nos haga creer algo más  real, no sea que algún lector de esos que llevan diarios o revisan hemerotecas desvele nuestro error.

            Muchos técnicos futboleros consultan su diario pero eso no les protege de la subjetividad o el error -llamemos- histórico. Para empezar escriben su propia versión de los hechos y para terminar, sólo muestran los que resultan favorables. Algunos archivos de memoria fotográfica atribuidos a personajes del fútbol no son más que anotaciones que han recogido –y releído antes de ser utilizadas públicamente- con sistemática disciplina, día tras día, año tras año.

            No es mi caso. Ni soy tan disciplinado ni el fútbol ha sido la única actividad que ha ocupado mis últimos veinte años. Si hubiera mantenido un diario, también habría recogido datos referidos a la actividad médica, los trabajos y conferencias, el aprendizaje continuado, los casos relevantes, el quirófano… Pero entonces no tenía el tiempo ni los medios técnicos que ahora facilitan esa labor. Procuraré sin embargo recordar momentos entrañables de una época que, aunque pueda sufrir el sesgo de una memoria imperfecta, también tendrá su interés por el punto de interpretación personal de quien la recuerda.

            En el verano de 1992 enfrentaba en solitario mi responsabilidad como médico del primer equipo. Miguel Mari Echavarren se había jubilado definitivamente y ya no contaba con su apoyo o el reparto de responsabilidades de la temporada anterior. Los primeros entrenamientos siguieron una línea que en años sucesivos se repetiría en lo esencial: reencuentro en el vestuario, valoración médica de los jugadores, entrenamientos intensos de mañana y tarde bajo el calor, las ampollas, las agujetas… y la gira de pretemporada.

            No estuvo mal para ser la primera. Estuvimos fuera de casa tres semanas seguidas, primero en Inglaterra, después en Portugal y finalmente en el trofeo veraniego de Salamanca. El desplazamiento de nuestro pequeño circo requiere muchos preparativos que desconocía en su mayoría por falta de experiencia previa. Tenía que organizar la asistencia de toda la plantilla de jugadores, técnicos y acompañantes, delegado, masajistas, utillero, directivos y periodistas sin olvidar ningún artículo o medicamento que después pudiéramos necesitar. Hasta entonces los masajistas se encargaban de elegir, empaquetar y trasladar todo el material pero yo quería disponer de un botiquín bajo mi control y tuve que inventarlo. Con ayuda del jefe de mantenimiento de Zubieta elegí una especie de baúl reforzado con metal en

 

 

 

las esquinas y soportado por cuatro ruedas para ser transportado sin mucho esfuerzo, tirando de una correa atada a un asa lateral. Lo de sin mucho esfuerzo es un decir porque ese carrito que entonces alguien bautizó como “Boby” por recordar a un perrito con su correa, fue mi acompañante durante muchos años, pesaba lo suyo y en algunas circunstancias no era fácil de manejar, subir a un autobús o transportar por instalaciones deportivas con barreras arquitectónicas. Curiosamente, “Boby” es el nombre generalizado que se da en otros clubs a botiquines parecidos, no sé si por extensión de nuestro término por jugadores que han salido de la Real o por pura coincidencia. Su forma de cajón prismático permite alojar cajas de plástico o tupperwares con indicativos en las tapas para ayudarnos a identificar el contenido. Con el tiempo añadí otros objetos como un desfibrilador, una carpeta con documentos de la declaración antidopaje o unos zapatos de golf con clavos para usar en los partidos sin riesgo de patinazo sobre el césped. Algunos amigos, seguidores de la Real, han bromeado conmigo sobre apuestas en la grada a favor o en contra de mi caída en plena carrera para atender a un jugador. Los zapatos de golf siempre me protegieron y los creí más acordes con el traje y la corbata que las botas de fútbol que he visto usar a otros colegas.

            Hablando de traje, se me presentó el primer problema de protocolo porque todo el equipo tenía el suyo y yo no. El proveedor de ropa de la Real en aquella época era Arbelaitz, que me había vestido en el invierno con un magnífico terno azul marino, pantalón gris marengo, trinchera, corbata… la equipación oficial. Pero en verano, sin tiempo material para dotar de uniforme a las nuevas incorporaciones antes de la gira, los jugadores conseguían el traje de compañeros que ya no estaban en la Real o que no iban a la gira. Pero yo me las tuve que arreglar para no desentonar con la única chaqueta de verano que tenía entonces, algo diferente a la del uniforme, con unos botones dorados y una solapa cruzada que se distinguía claramente en la foto que se tomó para el poster de verano y que meses después fue muy criticada por un consejero tirillas, muy puesto en nudos Oxford. Qué cosas…

          Llevábamos toneladas de material en grandes baúles: equipaciones completas para cambiar de un partido a otro y no coincidir con los colores del equipo contrario, varios juegos de botas por jugador, toallas, ropa de entrenamiento, conos, petos, material de curas, de masaje, camillas plegables… la lista era inacabable y el utillero -entonces viajaba el popular Richi- vivía días de mucha tensión aun contando con la colaboración del personal de mantenimiento.

         Cuando salimos viví la primera de muchas jornadas de embarque en aeropuertos que si son pesadas para cualquier viajero, cuando formas parte de una gran expedición, resulta agotador. Para el delegado sobretodo, en menor medida para el utillero, pero también para el resto del equipo técnico. Hay que cargar los baúles, facturar los equipajes individuales, controlar y repartir las cartas de embarque, que no se quede nadie en tierra, a ver qué pasa con el permiso de trabajo del jugador del Este, ¿alguien se ha olvidado el pasaporte? Los jugadores se dispersan por el aeropuerto a la espera de la llamada para embarcar, compran revistas, entran en la cafetería, firman autógrafos… Por fin hemos llevado los bultos de mayor tamaño a la cinta de equipajes fuera de talla y estamos libres apenas unos minutos para comprar un par de libros y tomar un refresco antes de la salida. En la cafetería se va agrandando el círculo alrededor de una mesa a medida que vamos llegando miembros del cuerpo técnico.

          Viajaban con nosotros tres periodistas: Quique Marín de Marca, Fernando Becerril del Diario Vasco y Manu De la Fuente -creo que trabajaba en el Mundo pero no estoy seguro, me parece extraño que un periódico de difusión general fuera del DV enviara un corresponsal de Deportes-. Les acompañaba el fotógrafo Juanjo Aigües. De forma tan excepcional que nunca volví a ver algo parecido, utilizaron todos nuestros transportes, incluido el autobús, que siempre ha sido el sancta sanctorum del equipo, donde sólo podían entrar acompañantes oficiales si excluimos una reciente época en la que un consejo que poco tenía que ver con el fútbol consintió que subieran al autobús invitados personales y hasta la esposa de alguno de ellos, de los invitados y de los consejeros. Se aceptó la convivencia con los periodistas por las características de la gira, muy larga y movida, con traslados constantes en autobús de un destino a otro y distancias prolongadas desde los campos a los  aeropuertos sin mucho tiempo para coger vuelos después de los partidos.

          Por fin despegamos rumbo a Inglaterra. Componíamos una expedición con la máxima representación deportiva de nuestra ciudad y provincia y yo formaba parte de un grupo admirado en la distancia desde mi niñez. La emoción del momento, la excitación por el viaje y el inicio de las competiciones perderían en el futuro el carácter añadido de la novedad pero nunca dejarían de ser un instante especial cargado con la ilusión por la nueva temporada.

 

 

 

2 Comentarios

  • fernando
    17/09/2010
  • Eduardo
    18/09/2010