agosto 19th in 05. Cerca del verde by .

El caso Peiremans

           Con Frederic Peiremans me tocó vivir y sufrir uno de los episodios más lamentables como responsable de mi departamento en la Real. Le conocí a la vuelta de mis vacaciones en la India. Siempre he procurado viajar lejos para intentar desconectar tras una larga temporada sin fines de semana. Sólo disponía de quince días cada año y necesitaba alejarme para recuperar la sensación de libertad, de ser nuevamente dueño de mí mismo. Llegó el jugador y fue reconocido en circunstancias anormales por compañeros que no conocían el protocolo habitual ni habían sido previamente avisados. Hicieron lo que era posible hacer en una consulta médica: una exploración básica para descartar patología articular pero sin llegar al fondo de una lesión muscular que tenía parado al jugador desde hacía algunas semanas. Había que considerar lesiones de cierta entidad. Las musculares pueden tardar algún tiempo pero acaban por recuperarse.       

           Que quede muy claro: yo no realicé el reconocimiento ni sabía del jugador hasta el primer día de la pretemporada, cuando ya estaba fichado.

          Pocos minutos después de comenzar el entrenamiento, entró en el vestuario diciendo que no podía correr. Entonces supe de la lesión. Lo sabían ya los responsables del fichaje porque nuestro ojeador fue testigo directo; se encontraba en el campo cuando se produjo, durante un partido de la liga belga. Tratándose de una rotura muscular nadie pensó que pudiera tener más consecuencia que unas semanas de baja deportiva con el tratamiento habitual para este tipo de lesiones. Y me encontré con un problema porque no se trataba de una rotura habitual sino de un arrancamiento del tendón conjunto de su inserción en el isquion. Para entenderlo: los isquiotibiales constituyen un grupo muy potente de músculos en la parte posterior del muslo. Sus tendones se insertan, se anclan, en el hueso que está justo debajo de las nalgas, el que apoya cuando nos sentamos. Los tendones convergen en un gran tendón final, que es el que se rompió en el punto de unión con el hueso.

          Con todas las semanas de evolución que ya habían transcurrido no quedaba otra que continuar la pauta de tratamiento conservador con la esperanza de una cicatrización espontánea. Nunca se produjo ni cesaron las molestias y no quedó otra opción que el tratamiento quirúrgico. En aquella época nuestra mutua de accidentes, ASEPEYO, ofrecía la posibilidad de asistencia por su cuadro de especialistas, al frente de los cuales estaba el Dr. Borrell que parecía el más indicado para realizar este tipo de intervención, por lo que viajamos a Barcelona. El jugador fue operado con un pronóstico inicial aproximado de cuatro meses para su recuperación.

          Lo hizo en el plazo previsto y empezó a entrenar.

          Para no extenderme resumiré la secuencia de hechos que siguieron a cotinuación: volvió a lesionarse pero esta vez con una rotura del músculo piramidal, que está en la   región glútea. Se trata de un músculo mucho más pequeño que los isquiotibiales, que transita en dirección perpendicular a estos sin ningún punto en común. Otra vez teníamos al jugador lesionado con la perspectiva de por lo menos dos meses de baja deportiva. Como no terminaba de recuperarse decidimos intentar la reparación quirúrgica, previa consulta de segunda opinión con especialistas de nuestra confianza, incluyendo el traumatólogo de la selección belga, doctor Maertens, a cuya consulta en Amberes acudimos a petición de Frederic. Confirmó nuestro diagnóstico y tratamiento. No quedaba más solución que operar porque la lesión, que es perfectamente tolerable para una persona sin alta exigencia deportiva, no permite continuar con alto nivel de competición.

 

 

          Frederic prefirió retirarse. No le quedaban muchos años de posible actividad profesional y la operación no garantizaba su recuperación. Había llegado a tal punto de saturación psicológica después de tanta lesión, tratamiento prolongado, operación y rehabilitación, que ya no le merecía la pena volver a pasar ese calvario.

          Y se retiró.

          La Real tiene concertado un seguro para casos de pérdida de un jugador por lesión y reclamó la indemnización correspondiente. En aquel momento, con pronto pago y al cambio de moneda vigente hubiera supuesto unos seiscientos millones de pesetas. Casi nada.

          La gente del seguro no recibió la noticia con especial alborozo y se mostró, digamos, sorprendida, molesta y reticente al pago. Recibimos la visita del super-jefe de la aseguradora, un aristócrata suizo de metro noventa, impecable en su traje gris marengo, armado de un bastón con empuñadura de plata que apenas le ayudaba a disimular su cojera, escoltado por varios ejecutivos de la compañía, algunos asociados de la firma de corredores en Londres y un catedrático de Medicina Legal proveniente de Milán. Toda una expedición.

          Nos reunimos en la sala del consejo de administración en las oficinas de Anoeta. Representaron al club el presidente Astiazarán, el gerente, nuestros abogados, varios consejeros y yo mismo. Me habían encargado que explicara el caso y refutara el argumento de la aseguradora para tratar de eludir el pago, que la lesión existía antes de la contratación del jugador y, por tanto, antes de suscribir la póliza del seguro. Esto no era cierto en absoluto porque se retiraba debido a una segunda lesión que nada tenía que ver con la primera. En una presentación “power-point” expuse toda la información médica referente al caso, incluyendo un video grabado en el momento de la lesión, la resonancia magnética de la primera y de la segunda lesión, láminas anatómicas para ilustrar la situación de ambas, el protocolo de tratamiento, las pruebas de recuperación antes de la última, etc. Toda la información, argumentos y pruebas que demostraban nuestra razón para reclamar el pago del seguro.

          No debió sorprender a nadie su negativa final porque una cantidad tan elevada podría alterar el balance anual de cuentas en la empresa. Optaron por aguantar la vía judicial aunque pudiera suponer el pago de una cantidad mayor por intereses de demora y minutas de abogados.

 

 

          Y tuve que defender el caso. Tras el catedrático italiano, me tocó hacer frente a un grupo de médicos de la mutua para conseguir la incapacidad laboral de Frederic. Para cobrar el seguro era requisito imprescindible que el jugador hubiera obtenido la incapacidad absoluta previamente. Mi especialidad es la Cirugía Ortopédica y también hice algunas incursiones en la Medicina del Deporte cuando no había médicos deportivos, como he comentado en otro artículo de este blog. Para lo que no estaba preparado era para actuar como experto en Medicina Legal, enfrentado a peritos médicos acostumbrados a manejarse en medios judiciales. Tuve que utilizar todo tipo de armas, como recordar al médico de la mutua en plena discusión ante la jueza que su opinión no era tan autorizada como la mía porque él no era cirujano. 

          Ganamos. Frederic obtuvo la incapacidad y nosotros pudimos reclamar el pago del seguro. Como estaba previsto, tuvimos que volver al juzgado. En esa ocasión me enfrentaba con un experto cirujano, el doctor Javier Vaquero, a quien conocía muy bien. Me precio de su amistad después de muchos años de coincidir en congresos y cursos de la especialidad. Es jefe de servicio del Gregorio Marañón y catedrático de Traumatología. Un oponente formidable con un equipo formidable. Pero yo tenía razón y la defendí con toda mi alma. También ganamos. Creo que fueron ochocientos millones de pesetas (cinco millones de euros) contando los intereses de demora. Ganamos el abogado Patxi López de Tejada y yo. Según sus propias palabras, gracias a mí que ofrecí la argumentación médica precisa y apasionada para esclarecer la verdad y convencer a la magistrada. Hasta hoy. Nunca nadie del club ni sus alrededores me ha dado una palmadita en la espalda o ha pronunciado un reconfortante “gracias”. Todo lo contrario: durante años la gente me ha recordado el caso Peiremans como si hubiera sido el mayor error de mi vida profesional al servicio de la Real. Así se escribe la Historia.

          Estas cosas se hacían en el servicio médico de la Real, un servicio bien estructurado, con un equipo de gente entregada y abarcando todas las especialidades, incluso, por una vez y sin servir de precedente, la Medicina Legal. Quizá esté equivocado pero, la verdad, no veo a ningún médico deportivo defendiendo este caso como yo lo hice.

2 Comentarios

  • iker isasmendi
    18/04/2011
  • Eduardo
    24/04/2011