Esguince cervical

Son una pareja joven. Ella entra en la consulta con una rigidez evidente del cuello. No lleva collarín pero -pienso-lo está pidiendo a gritos. Miro el listado de pacientes con las notas añadidas por mi secretaria al cumplimentar el programa informático de datos. Enviada por un bufete de abogados. Es la pista definitiva; lo sé casi todo.

-Habéis tenido un accidente de tráfico con un impacto en la parte posterior de vuestro coche por otro que os ha alcanzado. Tú -me dirijo a la chica- estabas en el asiento del acompañante y has sufrido un “latigazo” cervical, te duele el cuello y la cabeza, tienes mareos y probablemente sientes cosquilleos, incluso calambres, en una mano.

Me miran en silencio pero no muestran sorpresa por lo que parece la interpretación de datos de un quiromántico. La chica dice que sí, confirma que tiene mareos, que siente hormigueos en la mano derecha, que le duele la cabeza… y no me pregunta cómo lo sé, sobre todo la primera parte, que han tenido un accidente de tráfico, que les han embestido por atrás y todo eso. Pensarán que el médico tiene que saberlo, adivinarlo… o habrán tenido antes un accidente similar y ya conocen el argumento de la película, sabrán que los abogados sólo envían a esta consulta “interesantes” casos de esguince cervical causado por un accidente, que si no mueve el cuello es, precisamente, por culpa del esguince y que la acompañante está más expuesta que el conductor porque ni siquiera vio llegar el otro coche.

-¿Te atendieron en urgencias?

-En el hospital. Aquí tiene el informe

Antecedentes personales, exploración general por aparatos… voy saltando párrafos hasta llegar al diagnóstico: cervicalgia. Hombre, claro. Cervicalgia es dolor en la cervical. Podían ser un poquito más explícitos. Le han prescrito unos antiinflamatorios y un relajante muscular. Y que acuda a su traumatólgo.

-¿Qué tal te encuentras?

-Fatal. Me duele y no puedo mover el cuello. Tampoco puedo dormir mucho.

-Vamos a verte. Quítate, por favor, la chaqueta y la camisa. Puedes ponerlas en ese colgador. Siéntate en la camilla.

Soy muy sistemático en la exploración. No cuesta nada repasar unos pocos test que descarten una lesión neurológica. Comienzo por revisar los pares craneales:

-Mira hacia arriba y arruga la frente… bien. Cierra los ojos y enséñame los dientes… vale. Infla la boca como para soplar… Traga saliva. No muevas la cabeza, mírame a los ojos y dime que mano muevo -coloco mis manos en el límite derecho e izquierdo de su campo visual.

-Las dos -sonríe por primera vez.

-¿Y ahora? -Cambio la posición de las manos, por encima y debajo de su mirada.

-La de abajo.

-Cierra los ojos… ábrelos… ciérralos otra vez -Compruebo que el tamaño de las pupilas es idéntico.

-Muy bien. Ahora apriétame esta mano. La otra. Estira el codo con fuerza, contra mí. Dóblalo.

Sigo repasando los pares craneales con métodos de exploración que al paciente pueden resultar graciosos pero que indican de forma sencilla que no existe lesión neurológica: la bajada de párpados, la contracción de pupilas, el movimiento paralelo de los ojos, la capacidad de mover simétricamente la musculatura de la cara, de sentirla, la deglución… me ayudan a repasar los pares craneales: III, IV, trigémino, facial, estato-acústico, hipogloso… La sensibilidad y la fuerza conservadas en las extremidades superiores indican ausencia de lesión de las raíces cervicales, del plexo braquial, de los nervios periféricos.

-Tienes muy contracturada la musculatura cervical y dorsal-la paciente se estremece al presionar “el nudo” muscular en terminología popularizada por los masajistas.

La exploración radiográfica en tres posiciones, antero-posterior y oblicua no muestra fracturas o luxaciones pero sí una rectificación de la curvatura cervical.

-Esta es la placa lateral de tu columna cervcial. Ya ves que la curvatura del cuello ha desaparecido porque los músculos contraidos lo atirantan. En algunas ocasiones puede incluso invertirse la curva en sentido contrario.

-¿Y eso es grave?

-No, sólo molesto. Si contraes un músculo durante mucho tiempo, acaba por doler. En este caso, el dolor cervical puede ser angustioso. Lo es en muchas ocasiones en las que llega a producir una verdadera depresión que añade un problema psicológico al de la lesión física. Por eso debes ser fuerte y saber desde ahora que corres un riesgo de derrumbamiento anímico. Para evitarlo es importante ser consciente de lo que pasa -lo desconocido siempre causa más temor-, poner todo de tu parte para superarlo y, nunca lo olvides, saber que todo esto tiene fin.

Tengo que hacer un informe y no resulta tarea fácil. Son tan parecidos todos los esguinces, su causa, sintomatología y tratamiento que debo realizar un verdadero esfuerzo para que cada paciente disponga de un informe personalizado. No puede evitar, sin embargo, coletillas comunes como las que utilizo en el comienzo del escrito: “paciente que acude a consulta para valoración de lesiones sufridas en accidente de circulación que, según refiere él mismo, ocurrió el día tres del pasado mes de febrero…” O cuando al extender el alta escribo aquello de “agotadas las posibilidades de tratamiento, se extiende el alta médica con las siguientes secuelas”

-Tienes que procurar descansar. No te obligo a llevar un collarín cervical pero creo que será muy útil para relajar la musculatura. Utilízalo a conveniencia pero creo que es mejor que sea de forma continuada al menos durante una semana. Ponte calor, toma la misma medicación, antiinflamatorios y relajantes musculares, que te aconsejaron en el servicio de urgencias y pide hora para el fisioterapeuta; será la persona que más vas a necesitar en los próximos meses.

Entrego varias copias del informe: para el médico de cabecera, para el forense, para el médico de la compañía contraria, para el abogado… ¡Me agota la burocracia!

-Sobre todo, insisto, no te desanimes. No olvides que un día recibirás el alta. Te veré periódicamente. Pide cita a mi secretaria para la próxima consulta y, si lo necesitas, no dudes en llamar para que te la adelante.

Sobre el autor

Eduardo Escobar Martínez

Copyright © 2016. El blog de Eduardo Escobar Martínez. Desarrollado por Onestrategia