agosto 12th in 05. Cerca del verde by .

El modelo de servicio médico

          Me ha tocado vivir una época del fútbol que probablemente se haya extinguido. Los médicos de primera y segunda división hemos constituido una comunidad bien avenida que ha procurado la colaboración entre todos, prestando los de casa apoyo logístico a los visitantes. Nos hemos comunicado, solicitado, recibido y prestado información sobre lesiones, casos concretos, contactos con colegas en el extranjero, etc. Después de un viaje como equipo visitante y una recepción como equipo anfitrión cada año, acabamos conociéndonos y, la mayor parte de las veces, siendo amigos.

          De todos los médicos de club que conocí al llegar a la Real  creo que no queda ninguno. César Cobian dejó el Depor -ahora está en Castellón después de unos años de trabajo en la Calderona- Sanchez Marjorí desapareció del Valencia, Sabino del Athletic, Jorge del Osasuna, Borrell se jubiló en el Barça pero también lo dejó Ardevol. Y Alfonso, mi amigo Alfonso del Corral creí que no se iría nunca del Real Madrid, pero ya dijo una vez que nuestras vidas eran paralelas y el tiempo le ha dado la razón. Nos hemos ido casi a la vez.

          Este fenómeno de mortandad profesional es un exponente de lo que supone trabajar en un club de fútbol. Es fuente de muchas alegrías pero puede resultar frustrante, desde luego expuesto. Hay que dar la cara -darla literalmente- cada día y salir a explicar lo de la estrella de tu equipo que se ha lesionado y, a veces, por qué no termina de recuperarse. A ver quién resiste salir día tras día siendo el portavoz de las malas noticias… O quién aguanta la presión mediática, la de los foros o la del consejero que acaba de llegar cargado de ideas preconcebidas sobre lo que hay que hacer aunqe no termine de saberlo hasta que pasan dos años.  Mientras, ves planear una amenaza sobre tu cabeza cada vez que cambia el consejo.

          No existe, en realidad un modelo único de servicio médico para un club de fútbol. Se han ensayado varias fórmulas y cada club elige la que más se adapta a su estructura y al personal ya contratado. En la liga española han coexistido dos modelos: uno basado en el traumatólogo como director del servicio y otro más posterior en el que desaparece del día a día del equipo y se toma como referencia un servicio de Traumatología externo, casi siempre el de una mutua de accidentes.

          Cuando no existía la especialidad de Medicina Deportiva, el médico más cercano al deporte era el traumatólogo y los diferentes deportes de competición contrataban un médico generalista o un trauma si lo permitía el presupuesto. Este modelo ha sido conservado hasta hace poco por la mayor parte de los clubs de referencia como Madrid, Barcelona o la misma Real. Con la repercusión mediática de los triunfos de nuestros ciclistas, la Medicina Deportiva empezó a ser conocida y apreciada, sobre todo en deportes en los que prima la preparación física sobre la técnica, como las pruebas de fondo en atletismo, el remo o el mismo ciclismo. En el fútbol interesa más el control del lesionado, tener un buen especialista en lesiones deportivas que diagnostique al momento, que trate las urgencias, que sepa reducir una luxación o pillar al vuelo una rotura de ligamentos o una fractura, estar a pie de campo y evitar que un jugador continúe con un esfuerzo que acreciente las consecuencias de la lesión… todo lo que es propio de un verdadero especialista y que no puede cubrir con entera satisfacción alguien que no ha tenido la preparación suficiente aunque sea una eminencia en fisiología.

          Algunos clubs, como el Depor, el Athletic o el Atlético de Madrid prefirieron contratar un médico deportivo basados en la filosofía de que era mejor tener en los entrenamientos un fisiólogo que colaborase en la preparación física y que dirigiera aspectos como la alimentación o los complementos. En Bilbao, por ejemplo, se contrató a Sabino Padilla, rodeado de la aureola de responsable médico en el equipo técnico de Indurain.

          A finales de los setenta y principios de los ochenta, todavía no disponíamos de médicos deportivos y los que rondábamos el deporte sin la titulación correspondiente, adquiríamos conocimientos donde podíamos. Cuando acompañé a la selección española de ciclismo a los mundiales de Brno en Checoslovaquia (debía ser el 82) pedí que me enseñaran las instalaciones del servicio de Medicina Deportiva de la Universidad por aquello de que en los países del Este se hacía Medicina aplicada al deporte. A ver si pillaba algo. No pillé nada, claro. Me trataron con mucha amabilidad y me enseñaron los cuatro instrumentos y dos aparatos que tenían por allí. Aunque luego ganaran un porrón de medallas en la pista.

          En los locales de la Federación Guipuzcoana de Ciclismo escuchamos con mucha atención la conferencia de un tal Pascua, profesor de INEF, entrenador de atletismo que, junto a su hermano, había empezado a trabajar con ciclistas. Habló de las bases de la atención científica del deportista. Lo que hoy consideraríamos como generalidades, nos pareció entonces la puerta de un mundo lleno de posibilidades. Quizá lo fue.

          Releyendo este artículo en fecha 17 de Diciembre de 2010 me quedo impresionado por la coincidencia de nombres que fueron referente de las ciencias aplicadas al deporte y hoy son noticia en los periódicos por motivos muy tristes. No sé si es la exigencia del deporte profesional o es la ambición personal de los que trabajan en su entorno, pero hoy vivimos momentos muy amargos que ensombrecen el esfuerzo de los que no tienen culpa.

          En años sucesivos hubo una desbandada de médicos en paro que buscaban una titulación en países como Francia y nacieron los primeros especialistas en Medicina del Deporte que no creo que entonces aprendieran mucho pero que con la base de aquel título europeo, su ilusión y sus ganas de aprender, constituyeron la generación de lo que hoy podemos considerar los padres de la especialidad. Algunos complementaron esos estudios con otros de rango superior a este lado de los Pirineos, incluso llegaron a catedráticos en facultades de Medicina y escuelas de Enfermería. Los nombres más relevantes de la Medicina del Deporte en este país (Sabino Padilla, Nico Terrados, Xavier Leibar, Antxon Gorrotxategi, Juan Rivas) forman parte de esa generación de pioneros.

          El fútbol, por su potencial económico, debiera estar situado a la cabeza en la búsqueda de fórmulas de mejora y rendimiento del deportista pero su estructura y su filosofía inmovilista lo han impedido casi siempre. Cuando llegué a la Real Sociedad en Octubre de 1991 estaba a punto de jubilarse el Dr. Echavarren, traumatólogo a quien yo debía sustituir. También trabajaba en la Real el Dr. Pérez de Ayala que, aún siendo especialista en Medicina del Deporte, trabajaba con los equipos de la base y sólo esporádicamente con el primer equipo.

          La estructura médica del club hasta ese momento había dependido de Miguel Mari Echavarren que llevaba cuarenta años atendiendo a los jugadores, la mayor parte de ese tiempo sin contrato, sin una verdadera retribución, sólo como complemento a su actividad profesional como cirujano, consecuente con su inmensa afición y cariño a la Real. El salto que supuso la contratación de Enrique Pérez de Ayala se había quedado en algo casi testimonial. Realizaba los reconocimientos médicos y era responsable de la atención continuada a los equipos de la cantera.

          En la Real perduraba, por tanto, el modelo “traumatólogo”. El vicepresidente en tiempos de Alquiza era el Dr. Irazusta, cirujano del Hospital de Aranzazu, actual Hospital Donostia, que pidió referencias a varios jefes de sección sobre un traumatólogo que pudieran recomendar para empezar a trabajar con la Real. Y me tocó a mi, que hacía algunos años había terminado la especialidad y detentaba, en cambio, una experiencia bastante más dilatada en la atención al deporte como médico generalista Si algo tuve claro desde el principio es que el primer equipo debía contar con un traumatólogo y un fisiólogo. Cuando tuve la fuerza moral suficiente, después de mi aterrizaje y afianzamiento en el club, puse manos a la obra y no cejé hasta conseguir que el entonces presidente, Luis Uranga, propusiera al consejo la contratación de Antxon Gorrotxategi. De esta forma ya éramos tres médicos, un trauma y dos fisiólogos, que cubríamos la asistencia de todos los equipos de Zubieta en las dos especialidades más cercanas al deportista. Después fui completando un extenso cuadro de colegas en todas las especialidades para cubrir cualquier tipo de asistencia complementaria, desde Cardiología a Cirugía Máxilo-Facial, Otorrino, Oftalmología, Dermatología, Osteopatía, Cirugía General… todas las especialidades incluidas en el cuadro médico de Policlínica, que era el centro de referencia de la Real.

           En la estructura organizativa del servicio faltaba ordenar el cuadro de masajistas y fisioterapeutas. El tema era verdaderamente espinoso. El primer equipo de la Real no ha contado, en realidad, con fisioterapeutas. Con él han trabajado siempre masajistas y un ATS, Iñaki Anza. Durante un tiempo estuvo con nosotros, con los equipos de la base más concretamente, Alex Badiola, el único titulado en Fisioterapia, pero fue reclamado como jefe de estudios en la Universidad de Blanquerna.

          Este déficit de titulación tampoco parecía tan grave teniendo en cuenta que disponíamos de tres médicos, uno traumatólogo, y de varios licenciados en IVEF, con orientación de uno de ellos a la recuperación del lesionado. Sin contar con la experiencia y buen hacer de masajistas muy reconocidos. Además de Iñaki, Josu Busto y Juanjo Zapirain suplían con creces una falta formal que no lo era en absoluto en la práctica diaria. Así quedaba bastante definida la estructura del servicio y tan sólo fue necesario completarla con la contratación a tiempo parcial de varios masajistas y un fisioterapeuta para los partidos de los equipos de cantera durante el fin de semana.

          Contando con tan formidable grupo de profesionales podíamos organizar la atención en todos sus detalles, desde que se producía la lesión o el jugador declaraba una molestia hasta que volvía a disposición del entrenador. La secuencia de acontecimientos seguía este esquema:

  • Declaración del jugador: “Me duele la rodilla”
  • Primera exploración: valoración del traumatólgoo
  • Diagnóstico provisional, tratamiento provisional: “posible rotura meniscal”
  • Pruebas complementarias: Resonancia Magnética
  • Diagnóstico definitivo: Rotura de asta posterior de menisco interno
  • Tratamiento definitivo: Artroscopia
  • Previsión de tiempo necesario para la recuperación hasta el alta deportiva: De mes a mes y medio.
  • Operación
  • Rehabilitación
  • Recuperación
  • Alta deportiva

          Todo debía hacerse con mucha celeridad. La resonancia se realizaba el mismo día y el diagnóstico definitivo se ofrecía en unas horas. En mi opinión llegamos al grado de excelencia en la atención primaria de la lesión, movilizando la clínica, urgiendo a los radiólogos, incluso a los cirujanos. En el caso de la fractura de antebrazo –cúbito y radio en su porción media- de Xabi Prieto, conseguimos que el doctor Goyeneche anulara la consulta y operase al jugador esa misma tarde.

          Si había que hacer una ecografía, una radiografía, un TAC, una resonancia o necesitábamos la atención, la opinión o el diagnóstico de otro especialista, si se requería cualquier tipo de exploración o atención médica, no se esperaba al día siguiente y la información al jugador, al entrenador, al club y a la prensa se facilitaba en el mismo día.

          La colaboración de Policlínica y después de Quirón, de sus servicios y especialistas, de las mutuas (ASEPEYO primero y MAPFRE después) fue siempre incondicional. Y cuando lo aconsejamos, el club siempre autorizó el desplazamiento del jugador, acompañado por un médico, a la consulta o el quirófano nacional o internacional que hubiéramos recomendado. Además del doctor Borrell, nuestros jugadores fueron operados en Murcia por el doctor Mariano de Prado, en Munich por la doctora Mushaweck, en Turku por Sakari Orawa, en Pittsburg por Freddy Fu…

          El trabajo cotidiano de todo el servicio se dedicaba a la atención de los jugadores desde que llegaban por la mañana a las instalaciones de Zubieta hasta que se iban a su casa, continuando con la atención domiciliaria y con las atenciones complementarias que necesitaran en función de lo concreto de su caso.

          La jornada comienza oficialmente una hora antes de la fijada para el entrenamiento. Los masajistas se ponen a la tarea desde el primer minuto. A medida que llegan jugadores, van pasando por la camilla o entran a los despachos para valoración de sus molestias y de la posibilidad o conveniencia de entrenar o parar, para el establecimiento de diagnósticos, supervisión de tratamientos, para la recogida de datos como el peso, componentes corporales, etc.

          La información se transmite enseguida al entrenador por si debe modificar el esquema de trabajo de ese día debido a las incidencias médicas.

          Cuando el equipo sale a entrenar y tras unos minutos de relajo en la máquina de café, se continúa el trabajo en los box de masaje, en el gimnasio y en los despachos, que también tiene lo suyo la labor burocrática: informes, comunicados, partes, estadillos, etc.

          Junto al terreno queda como observador un masajista que atiende las incidencias del entrenamiento, provee de agua al equipo y avisa al resto del servicio caso de producirse una lesión.

          Los desplazamientos de fin de semana y los más prolongados de pretemporada, requieren un plan de atención que expondré en un capítulo específico.

          La atención no se acababa nunca. Si un jugador se despertaba de la siesta con una molestia, si tenía fiebre o diarrea, si sufría cualquier incidencia médica y a veces no médica, nos llamaba y, si el caso lo requería, le visitábamos. Más de una vez me tocó interrumpir una cena en casa de amigos o plantar a mis invitados en la propia porque lo requería un jugador… o su familia.

          En el desempeño de las funciones respectivas de cada miembro del servicio cubríamos todos los aspectos de la atención médica y creo que con notable éxito. Los jugadores siempre han apreciado y ponderado el trabajo de los masajistas y hay que recordar que tienen muchos elementos de comparación por haber militado en otros equipos o haber participado en las diferentes selecciones, incluso en la absoluta.

          De la calidad del trabajo médico puedo hablar con limitaciones por ser parte del equipo. A nadie se le escapa la talla profesional de Antxon, con un currículo extraordinario como médico deportivo, médico federativo, organizador de eventos académicos, terapeuta y autor de innumerables publicaciones, entre ellas cinco libros de su especialidad, que le han convertido en un referente de la Medicina del Deporte. De mí puedo decir, porque es una obviedad, que soy traumatólogo. Con la escasez de especialistas, haber contado con un cirujano experto en lesiones deportivas ha sido un lujo que sólo está al alcance del presupuesto de un club de fútbol. Era otra época. Quizá ahora no fuera tan fácil contar con un traumatólogo con presencia física y disponibilidad absoluta.

          No puedo extenderme más. La referencia en detalle de la estructura organizativa y labor asistencial del servicio médico da para un libro y esto es sólo un artículo –me niego a llamarle “post”- dentro de este blog. Creo, no obstante, haber transmitido la idea esencial: la alta calidad de la atención prestada por el servicio médico de la Real que defiendo ahora pero constaba en la conciencia de los que la recibían y se reflejaba en los elogios de toda la Liga.

          De  los detalles de funcionamiento, incluyendo errores o presuntos errores, tendremos tiempo de hablar en capítulos posteriores.

 

3 Comentarios

  • Eneko
    17/12/2010
  • Eneko
    17/12/2010
  • Eduardo
    17/12/2010