El dolor de hombro

          Durante muchos años se enseñaba en las facultades de Medicina, dentro del apartado de Traumatología de la asignatura de Patología Quirúrgica, que el dolor de hombro se debía en la mayor parte de los casos a una “periartritis escapulo-humeral” Y ahí quedaba la cosa. Es cierto que se contemplaban otras posibilidades, como un dolor irradiado desde cualquier región anatómica, debido a patologías muy diversas que abarcaban desde un problema de hígado a un cáncer de pulmón, pero sobre la cosa traumatológica, la que importaba, el serio y muchas veces inmisericorde catedrático que por aprender este tipo de cosas y no plasmarlas adecuadamente en la respuesta del examen se cargaba toda una futura promoción de médicos, sobre este asunto de la trauma, repito, nada más.

          Ahora en cambio, el estudio del hombro requiere prácticamente el conocimiento de toda una especialidad. Se ha llegado a profundizar tanto, se insiste tanto en el detalle, en la causa variada del dolor y sus posibles soluciones que un cirujano ortopédico que ponga prótesis de rodilla, por ejemplo, está fuera de onda.

          La causa más frecuente de dolor en el hombro deriva de lesiones en el llamado “manguito de los rotadores” que es un conjunto de tendones que, partiendo del húmero, se extienden por encima del hombro, justo por debajo del puente óseo que forman la clavícula y el acromion. El manguito sufre degeneración a lo largo de los años, que se acentúa si la actividad del paciente hace más necesaria su utilización (en un nadador, en un limpiacristales) o si las condiciones anatómicas del mismo hacen más sensible la zona, como ocurre cuando posee un acromion picudo que pueda arañar el conjunto de esos tendones. Después, puede haber muchas otras causas: una inestabilidad, la rotura de cualquier parte anatómica en el hombro, la irradiación del dolor desde la columna cervical, etc.

          Ciñéndonos a las causas centradas en el propio manguito, como una degeneración, una calcificación (que es una forma avanzada de la inflamación y la consecuente degeneración) o una rotura, el tratamiento puede ser expectante no sea que se trate de un daño pasajero y no convenga entrar en más, conservador (analgésicos, antiinflamatorios, fisioterapia, ondas de choque), infiltraciones (que merecen consideración aparte) o quirúrgico. Creemos que para llegar a esta última solución, se deben agotar las posibilidades previas en orden creciente de agresividad y si, finalmente, no se consigue hacer desaparecer el dolor, recurrir a la cirugía artroscópica para liberar el tendón y, si fuera necesario, suturarlo.

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Eduardo Escobar Martínez

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