agosto 13th in 05. Cerca del verde by .

Apostando en los fichajes

          Aparece hoy en prensa (13 de Agosto de 2010) la contratación de Diego Ifrán por la Real Sociedad, aclarando algunos detalles de los que ya tenía referencia indirecta a través de un periodista. Es un jugador que se perseguía hace tiempo, que encaja a la perfección en el perfil deseado, que viene avalado por el entrenador y que, colmo de ventajas contractuales, es asequible en precio porque sus circunstancias actuales lo propician. Es decir, que como está recuperándose de una grave lesión -es el único inconveniente-, sale más barato.

          El club en abstracto, sin entrar en detalles de la persona o persona responsables de la contratación, decide ficharlo a pesar de esa circunstancia. No deja de ser una apuesta que si sale bien habrá permitido adquirir el jugador deseado a muy buen precio, y si sale mal nos obligará a tragar un fichaje por la pequeña suma de millón y medio de euros, más lo que cueste de aquí al finiquito. Para hacernos una idea, equivale al importe multiplicado varias veces de lo que hubieran costado todos los empleados repudiados en el club cuando se aplicó un ERE que todavía colea.

          Dejando aparte pullitas –ojo, que es una verdad incontestable- está clara la jugada que permite con cierto riesgo conseguir lo que no estaba nada fácil hace unos meses.

          El periodista que me ponía en antecedentes ayer mismo, preguntaba si no es algo parecido a lo que pasó con Nihat cuando rechazamos su fichaje. Le aclaré que no, que esto no se parece a lo de Nihat aunque sí a otros fichajes que en su día materializó la Real con jugadores que venían lesionados y se compraban de oferta con la intención de recuperarlos. Algunos salieron bien y otros, todavía hoy, levantan ampollas.

          En el caso de Ifrán la Real está haciendo bien -bajo mi punto de vista- dos cosas: declarar con luz y taquígrafos todos los aspectos que rodean esta contratación –quizá porque la lesión es harto conocida- y descargar del peso del reconocimiento al servicio médico del club ya que el peritaje lo han realizado en una clínica de Madrid. ¡Ya me hubiera gustado a mí un tratamiento similar en algunas ocasiones!

NIHAT

          Por no dejar un cabo suelto, aclararé primero el caso de Nihat. Una semana antes de su llegada me comentó Toshack en la espera de un aeropuerto cuando volvíamos de un partido fuera de casa, que había recibido malas noticias de Turquía. El jugador que esperábamos se había lesionado aunque su lesión no parecía revestir importancia. Se trataba de un esguince leve de rodilla.

         Al terminar el reconocimiento unos días más tarde, cuando avanzábamos el jugador y yo por el pasillo del segundo sótano de Policlínica, largo pasillo que proviene de la resonancia y llega hasta las escaleras de acceso al resto de las plantas, me preguntó qué conclusiones había sacado. Le contesté que tenía un menisco roto –creo recordar sin consultar con mis archivos que era el menisco externo de la rodilla izquierda- y que debía operarse cuanto antes porque la rodilla estaba inflamada, a tensión por el derrame y ligeramente limitada en su movilidad. Nihat puso cara de circunstancias pero no hizo ningún aspaviento ni intentó camuflar la impresión de que ya se temía mi respuesta.

          Enterado el presidente, convocó una reunión en su despacho de Anoeta con el jugador y su representante a la que también acudieron el mister, que terminaba el entrenamiento en Zubieta, el gerente y algunos consejeros. A Toshack no le sentó nada bien como es lógico suponer, pero comprendió perfectamente la situación contra todo lo que después se dijo. No es cierto que tuviera que enfrentarme con él haciendo alarde de un valor que no me hizo falta exhibir en ningún momento. Acordamos que el jugador volviera a Turquía para ser intervenido. Cuando se hubiera recuperado volveríamos a considerar la posibilidad del fichaje.

          Casi dos meses más tarde me enviaron a Estambul para explorar de nuevo su rodilla y evitar la desagradable situación de una nueva negativa después de traer el jugador a Donostia. No hubo más problemas y subimos al mismo avión un par de días más tarde, con la sensación de haber vivido una aventura irrepetible con momentos de cierta tensión. Como la que se palpaba en la terraza del club social del Besiktas mientras esperaba el término del entrenamiento para iniciar mi peritaje, rodeado de técnicos y directivos del club, corteses pero expectantes.  O cuando al día siguiente paseaba por una ciudad de unos quince millones de habitantes y la gente, llamándome por mi nombre, preguntaba si ahora ya estaba conforme. Como para negarme…

         Antes de volver, pedí visitar a un amigo turco -Arif Erdem- que pasó por la Real sin pena ni gloria, sumido en la nostalgia de su país y sus costumbres. Me invitó al palco en el derby Galatasaray-Fenerbaçe. Llegué al estadio con Nihat y con mi amigo de dos metros, que no me dejaba a sol ni a sombra, en su flamante coche y fuimos escoltados por los servicios de seguridad hasta nuestro asiento. Sólo pudimos ver el primer tiempo porque salíamos para el aeropuerto esa misma tarde, pero no pude concentrarme en el juego por el marcaje constante de varias cámaras de TV que no perdían un gesto de Nihat.

         No desvelaré en este blog información de índole médica que no haya sido publicada aunque sí daré mi versión de hechos conocidos aunque, desde mi punto de vista, no bien o no suficientemente explicados. Por ello no hablaré de algunos casos parecidos al actual porque eso supondría desvelar hallazgos de exploración médica particulares que precisarían la autorización del interesado.

BRECHET

          Un caso muy conocido pero no suficientemente explicado es el de Brechet. Digo “no suficientemente” porque explicar, explicar… sí que ha sido explicado. Lo hice en varias ocasiones pero parece que la gente se queda con su idea o no ha escuchado mi explicación. Espero que no se deba a incredulidad porque no he tenido ni tengo ninguna intención de contar otra cosa que la realidad tal cual la recuerdo y pueda ser documentalmente demostrada.

          Durante el reconocimiento de Brechet estuvo presente el director deportivo, Roberto Olabe. No supe cómo interpretarlo entonces pero recientemente he sabido que fue con la mejor de las intenciones, apoyando al médico en una valoración que podía resultar comprometida. El caso es que después de toda una mañana de mediciones antropométricas, cálculo de componentes corporales, anamnesis, exploración músculo-esquelética, electrocardiograma, ecocardiograma, exhaustivos análisis de sangre y orina, prueba de esfuerzo, batería radiográfica y resonancias magnéticas, le dije que el jugador padecía una tendinosis de Aquiles con varias posibilidades de tratamiento para agotar la pauta conservadora ya iniciada pero que probablemente tendría que ser intervenida quirúrgicamente.

          Casi nunca he dispuesto con antelación de datos del jugador. Lo habitual es que alguien me llamara la víspera del reconocimiento para que tuviera todo preparado en la clínica el día siguiente. A veces, el mismo día. No se me daba ninguna oportunidad de investigar antecedentes. En muchas ocasiones me enteraba de su nombre por el periódico mientras esperaba desayunando en la cafetería de la clínica. ¡Como ahora!

         No fue una circunstgancia particular de un consejo concreto; fue una constante de toda mi estancia en la Real. Intenté modificar estas condiciones con todos los consejos de administración y con todos los directores deportivos argumentando que una opinión fiable y fundamentada sobre la aptitud del futbolista debía comenzar con una investigación de antecedentes. Podría, por ejemplo, documentarme en las hemerotecas o, incluso, ponerme en contacto con el médico del club al que perteneciera el jugador. Si mi papel era el de un perito con la confianza del club, debían facilitarme toda la información posible para que mi dictamen tuviera más fiabilidad.

         Nunca lo conseguí. Entiendo que las negociaciones pueden ser duras, que encontrar un jugador asequible en el mercado y que cumpla con el perfil requerido no es nada fácil y que todo el proceso puede malograrse por una filtración. De hecho así ha ocurrido en muchas ocasiones cuando un representante interesado en forzar la negociación ha colado la información a la prensa, o cuando otro club ha tenido noticias de nuestro interés, subiendo la oferta, encareciendo la compra o llevándose el jugador. Todo eso se entiende y por eso es preferible estar al margen, ignorante de lo que conlleve peligro de ser filtrado, más que nada para evitar ser sospechoso de la filtración. Pero tiene un inconveniente muy importante: se sustrae información a quien más debe conocerla.

          Los técnicos, por otra parte, temen el reconocimiento. A ver si el galeno nos va a fastidiar el fichaje… Es una visión pobre de la realidad, es querer cerrar los ojos. La búsqueda, elección y negociación de un jugador es dura y el médico no ha vivido el proceso. Por una lesión puede echar abajo el encanto del fichaje. Y motivos para el desencanto existen y numerosos. A ver qué jugador llega sin una lesión en medio de su vida profesional….

          En este caso todos sabíamos que llevaba cuatro meses sin jugar debido a la tendinosis de Aquiles aunque al parecer sí que jugó algo más de veinte días durante ese período de tiempo. Es un dato que acabo de conocer. Por cierto: algunos escriben de segundas y se equivocan de plano, espero que involuntariamente. Como el que recientemente afirmaba que en la Policlínica se equivocaron con el diagnóstico de Brechet y se aceptó su fichaje sin detectar que estaba lesionado. A este ilustrado escribiente no le han informado bien; lo que afirma es imposible porque su lesión era conocida antes de la llegada del jugador sin necesidad de ninguna investigación médica. Lo sabíamos en el club pero lo sabía todo el mundo porque era una información pública de un jugador del Calcio. Pero era un fichaje tan codiciado y asequible en precio que se trataba de hacernos con él, aceptando y tratando de resolver el inconveniente de su lesión.

         Informé al club sobre mi impresión: que la lesión era muy comprometida y probablemente terminaría en una intervención quirúrgica aunque antes intentáramos todas las posibilidades de tratamiento. Reforcé mi opinión con la de los doctores Usabiaga y Achalandabaso, consultados por separado, que confirmaron mi pronóstico.

          La misión del médico no es autorizar o denegar el fichaje; es valorar la aptitud del jugador y comunicar el resultado al club. Realiza un peritaje pero no tiene ninguna capacidad decisoria. Si en el club optan por seguir adelante con la operación una vez transmitida la información y asumido el riesgo, está obligado a aceptarlo y poner todo de su parte para conseguir la recuperación del futbolista en el menor plazo posible.

         Al cabo de unos meses, comprobada la inutilidad de continuar con el programa de recuperación, decidimos la intervención quirúrgica. No insistiré sobre lo amargo de esa decisión y las miradas retrospectivas de todos nosotros a lo que pasó en el reconocimiento. He recapacitado sobre el particular y, aunque conservo un recuerdo claro, es verdad que la visión personal tiende a ser indulgente con uno mismo y no tanto con los demás. Mi informe, creía yo, estaba claro. Aventuraba la posibilidad de tratamiento quirúrgico si la pauta de posibles tratamientos conservadores no daban resultado. La opción quirúrgica era tan probable que venía reforzada por la opinión de dos compañeros traumatólogos.

         Para terminar con el caso Brechet debo recordar que se recuperó de la operación en el tiempo estipulado y acabó jugando esa temporada. En la pretemporada siguiente, durante un partido amistoso en Santander, se rompió el ligamento cruzado posterior. Lo diagnostiqué en el mismo vestuario a los pocos minutos de producirse la lesión aunque luego tuve algunas discrepancias con el informe de resonancia que prefiero no detallar. Creo que la confusión de mi indocumentado acusador en el caso Brechet proviene de una información sesgada respecto a esta segunda lesión, que él equivoca con el resultado del reconocimiento cuando llegó.

         El caso es que se confirmó el diagnóstico. Recomendé tratamiento conservador porque el quirúrgico para un cruzado posterior entraña riesgos de continuidad profesional para un futbolista y suele ser tolerado sin necesidad de intervención con un buen programa de musculación. Ofrecí a Jeremy una consulta con el especialista que fuera de su confianza y acudimos a Lyon para ver al médico de la selección francesa que confirmó mi punto de vista. Le costó mucho tiempo recuperarse pero no más de lo previsto. Acabó jugando también esa temporada pero fue vendido y dejó la Real.

         En varias ocasiones se ha dado la circunstancia de que el jugador interesa mucho al club pero está o ha estado lesionado. El médico tiene que ofrecer una información al detalle de todos los hallazgos de su exploración y aportar su opinión respecto al fichaje. Si a pesar de todo, porque sigue siendo interesante la contratación se decide seguir adelante, todo el mundo debiera ser consciente de lo que está en juego y no olvidar o arrinconar la verdad. Lo ideal sería que esta situación se hiciera pública, como ocurre en el caso de Ifrán. Desgraciadamente, casi nunca es así.

          En todos los reconocimientos practicados durante mi estancia en la Real, y hablo de dieciocho años con varios al año e informes que los acreditan, sólo recuerdo haberme equivocado en una ocasión y fue en sentido positivo. Aseguré que un jugador extranjero tendría que operarse a lo largo de esa temporada por un menisco roto. Decidimos seguir adelante a pesar de esa posibilidad porque supondría un mes de baja deportiva y el contrato era para varios años. Ese jugador continuó jugando en su país con el menisco roto y bien roto, pero nunca necesitó ser operado.

          Hubo otro jugador –cuando no menciono el nombre es porque el caso no se hizo público y no puedo desvelar secretos profesionales- que también llegó con un menisco roto en la rodilla izquierda y algunos hallazgos no tan significativos en la derecha. Comuniqué al director deportivo que tendríamos que operarle la izquierda antes de Navidad. La predicción me salió ajustada: el día 23 de Diciembre perdí un avión que debía llevarme a Roma con mi familia para escapar los días del parón navideño por operar al jugador en cuestión. El día anterior, cuando llamé al club para comunicar la lesión, me preguntaron: ¿De qué lado?

 

2 Comentarios

  • epaitegia
    02/09/2010
  • Eduardo
    04/09/2010