La emoción del último gol de la temporada hizo estallar la euforia. Por un minuto todo cambia y somos los elegidos para llegar a Europa en directo, por la puerta grande, en perjuicio del Athletic. Un segundo, un gol, una chiripa, y todo cambia de color… y de ambiente.

Conozco la alegría desatada del banquillo y del vestuario porque son muchos los momentos de sufrimiento, de tensión, y pocas las oportunidades de festejo. Lo entiendo. Lo he vivido. Pero algunos se pasan un poquito. Que no es para tanto, de verdad. Que es para estar muy contentos de lo conseguido y más con la incertidumbre final. Pero comparar el gol de Juanmi con el gol, con la trascendencia del gol de Zamora…. Hombre, pues un poco exagerado. Que ya hemos estado en el puesto sexto otras veces y parecía lo normal. Que se lo digan a Toshack, a Jabo, a Krauss.

Ya empezamos celebrando el subcampeonato como si hubiéramos ganado la Liga y remedamos triunfos históricos aunque había una pequeña diferencia. Es cierto que el segundo puesto fue muy meritorio pero no fue el primero. Teníamos, eso sí, la excusa de que el año anterior los bilbaínos celebraron ese mismo logro igual de ruidosamente. A este paso van a coronar con laurel a los jugadores mientras los pasean en gabarras o en autobuses turísticos a nada que se mantengan en la mitad de la tabla. Es que hay muchas ganas de celebrar cosas. O mucho marketing.

Con todo, hay que reconocerlo, fue un momento muy emocionante. Salía precisamente de Bilbao cuando puse la radio, la apagué porque parecía todo perdido y un instante después, sin poder evitar conectarla de nuevo, vivo el grito, el griterío heredado allende los mares, para comunicar que el esférico ha logrado colarse entre los tres palotes. Los comentaristas de Bilbao, hay que decirlo, mantuvieron el tipo.

Está muy bien. Vamos a celebrarlo. Y también que el Athletic acceda a la competición europea una vez gane el Barça la Copa. Y los éxitos de los dos equipos en Europa. A ver si Juanmi mete el gol de la final contra el Athletic en el último minuto. Eso sí habría que celebrarlo.